Entre todas las labores de vital importancia que nos encontramos en la agricultura, sin duda una de ellas es la preparación del suelo agrícola. Podemos entender esta preparación como los trabajos que debemos de llevar a cabo en el suelo para favorecer las características propias del mismo, con el fin de facilitar la brotación y el crecimiento de los cultivos de forma óptima.
Su fin general es que se combine la mejor relación posible entre el suelo, el agua disponible, la aireación del terreno y las plantas.
Pero antes de entrar en materia vamos a intentar explicar algunos conceptos fundamentales sobre los suelos agrícolas.
¿Qué es el suelo agrícola?
Por definirlo de una manera sencilla, llamamos suelo agrícola a aquellos terrenos que son aptos para el cultivo de especies vegetales.
Este suelo tiene que contar con una serie de características tanto físicas como químicas que lo conviertan en un suelo fértil, para lograr un crecimiento y desarrollo adecuado de los cultivos, a la vez que es necesario que sus componentes no sean nocivos para la alimentación humana o animal.
El suelo como elemento vivo
Sería un error considerar el suelo como un simple soporte o un medio para plantar nuestros cultivos. Tenemos que entender el suelo como un elemento de la naturaleza vivo, que se crea, se transforma y evoluciona.
Esto se debe a que el suelo es un microsistema que da cabida a miles de microorganismos que interactúan tanto con el terreno como entre ellos mismos. El suelo está lleno de vida, desde bacterias, hongos, microorganismos y protozoos hasta insectos, anélidos, ácaros o nematodos por poner solo algunos ejemplos.
Toda esta vida existente en él mismo combinada con sus condiciones físicas y químicas y el impacto que le produce las plantas que cultivamos, hace del suelo un elemento que sufre transformaciones constantes.
Formación y estructura del suelo
Como es natural no todos los suelos son iguales, y esta diferencia la marcan dos factores, en primer lugar las rocas a partir de las que se ha ido formando y en segundo lugar el impacto que el clima ha ido teniendo sobre el mismo.
En un principio todo parte de las rocas que forman el terreno, estas se han ido descomponiendo a lo largo del tiempo por diversas causas, las más importantes son por acción del clima, bien por erosión o acción del agua o el viento, pero también hay factores que fragmentan este suelo como es la acción de los microorganismos.
Estas partículas procedentes de la descomposición de las rocas suelen ser arcilla, arena y limo y son partículas capaces de retener los nutrientes y minerales necesarios para el desarrollo de las plantas.
o podemos calificar un suelo como agrícola si éste no posee materia orgánica. Esta materia orgánica puedes ser de muchos tipos y una vez que llega al terreno se descompone por acción de los microorganismos convirtiéndose en elementos minerales.
Esta materia orgánica logra aumentar la vida, mejora su porosidad favoreciendo la aireación y la distribución del agua y mejora el pH del suelo.
Estructura arcillo-humica
Cuando los microorganismos del suelo descomponen la materia orgánica que se encuentra en él, se forma el Humus. El humus es de color muy oscuro y contiene una gran cantidad de carbono, esta sustancia al mezclarse con la arcilla del terreno forma el denominado complejo arcillo-húmico, que favorece la circulación de aire y agua por su interior a la vez que almacena los nutrientes necesarios, liberándolos lentamente para ofrecer el alimento necesario a las plantas.
Como vemos esta estructura es fundamental para conseguir un buen suelo agrícola.
Capacidad de retención de agua del suelo
Un factor determinante para medir la calidad del suelo es su capacidad de retener el agua. El suelo tiene que lograr retener la humedad disponible para que ésta se encuentre a disposición de las raíces de las plantas.
Hay dos formas diferentes en las que el agua puede estar disponible en el suelo.
Podemos encontrarla directamente como agua libre, es decir se acumula en los poros del terreno. Esto conlleva que en suelos arcillosos al estar compuesto de partículas muy pequeñas, estas se compactan entre si no permitiendo que el agua se filtre fácilmente, ofreciendo una buena retención. A este tipo de suelos se les denomina suelos pesados. Por el contrario, si el suelo es arenoso, se vuelve más poroso y termina filtrando el agua, estos son los denominados suelos sueltos.
Llamamos agua ligada, a la humedad que se adhiere a las partículas del suelo. Esto evita que las partículas del mismo se dilaten y contraigan por efecto de la falta o exceso de agua. En suelos arcillosos esta dilatación puede llegar a asfixiar las raíces provocando la muerte de las plantas.
El suelo y la circulación del aire
Como veíamos al principio, el suelo es un elemento vivo y como tal, toda la microfauna y las raíces que se encuentra en el mismo tienen la necesidad de respirar.
El aire se acumula entre los espacios disponibles entre las partículas del suelo. Si bien existen seres vivos que facilitan su transporte por el mismo al excavar cavidades y túneles, como pueden ser las lombrices y gusanos, los roedores, las hormigas, etc. También las raíces de las plantas al crecer en el suelo facilitan la circulación del aire.
Conociendo nuestro suelo
Como hemos visto, el suelo es de vital importancia para el éxito de nuestros cultivos. Por desgracia no podemos cambiarlo y tenemos que adaptarnos a su disposición y estructura.
Pero si podemos mejorar sus propiedades y para esto es fundamental conocer sus características principales antes de iniciar cualquier cultivo.
Como medir el pH del suelo


Para conocer el pH de nuestro suelo, debemos de tomar muestras de diferentes profundidades, tanto si nuestro suelo es básico o acido las muestras en profundidad no mostraran el nivel de vida que existe en el mismo. En superficie la acción de los microorganismos neutraliza el pH acercándolo al neutro, mientras que en profundidad (unos 30 cm aproximadamente) nos indicará el nivel del pH que se encuentra en el suelo.
Para averiguar el pH de nuestro suelo lo lógico sería realizar un análisis del suelo, pero también podemos averiguarlo por nosotros mismos utilizando tiras de papel tornasol que podemos adquirir fácilmente tanto en tiendas de material para laboratorios, farmacias, viveros o tiendas de jardinería.
Tendremos que coger dos muestras, una en la superficie y otra recogida a una profundidad de 30 cm. Mezclamos una pequeña cantidad de estas muestras con agua destilada y procedemos a medirlo con las tiras de papel tornasol. Las instrucciones nos dirán a que valores pertenece el color adquirido por el papel.
Valores adecuados del pH del suelo y su corrección
Por norma general los valores del pH idóneo para la agricultura se encuentran comprendidos entre 6 y 7. Si nuestro análisis nos muestra valores superiores a 7 quiere decir que nuestro suelo es alcalino, si por el contrario es inferior a 6 nos encontraremos con un suelo ácido.
Si nuestro suelo es alcalino, tendremos que aportar al mismo la cantidad necesaria de materia orgánica para corregirlo. Si por el contrario es ácido tendremos que corregirlo con elementos calizos.
Si la medición del pH es inferior a 5 o superior a 8,5 nos está indicando que no es un suelo idóneo para llevar a cabo ningún cultivo.
Tipos de suelos
Una vez que conocemos estos diferentes parámetros podemos identificar tres tipos de suelos principalmente:
Suelos arenosos. También llamados ligeros. Su textura es muy gruesa, motivos por los que consiguen una buena aireación y el agua se filtra muy fácilmente, lo cual es un problema ya que se secan con mucha facilidad.
Este suelo tiene que ser regado con asiduidad para compensar el filtrado de agua y aportarle la materia orgánica necesaria.
Suelos arcillosos. Al poseer una textura muy fina retienen de forma eficaz tanto los nutrientes como el agua. Por el contrario, tienen tendencia a encharcarse y el aire no circula con facilidad.
Este tipo de suelo precisa labores en superficie para descompactarlo y aporte de materia orgánica.
Suelos francos. Sin duda el suelo ideal para cultivar. Poseen una combinación óptima de limos, arcillas y arenas, lo que les confiere una buena circulación de aire y agua. A la vez que retiene y pone a disposición de la planta los nutrientes de una forma eficaz.
Como preparar un terreno para cultivar
Antes de iniciar un cultivo, tenemos que prepara el suelo para que las raíces encuentren las condiciones óptimas. Es importante reseñar que desde la superficie, hasta los 25cms de profundidad aproximadamente es donde la vida se desarrolla principalmente, y esto como no puede ser de otra forma incluye a las raíces.
Por lo cual cuanto más compactado esté el suelo, más necesario es que cabemos a más profundidad, con esto conseguiremos:
- Mullir su estructura para facilitar el crecimiento de las raíces.
- Favorecer su aireación.
- Eliminar las malas hierbas que competirán por el agua y los nutrientes.
- Eliminar los insectos, sus huevos o larvas de especies que constituyen plagas.
- Incorporar residuos vegetales, nutrientes y cal aumentando la actividad bacteriana y por consiguiente el aumento de la materia orgánica.
Estas labores dependerán de la especie que vayamos a cultivar, del clima y de la disposición de nuestro terreno.
Posteriormente tendremos que realizar otras labores, como preparar el lecho de siembra e incorporar al suelo la materia orgánica necesaria y aportar otros tipos de correcciones de nutrientes o aportaciones de fertilizantes.
Aspectos básicos para un buen trabajo del suelo
Para terminar este articulo sobre la preparación del suelo agrícola, vamos a indicar una serie de aspectos y normas que tenemos que tener en cuenta para no estropear nuestro suelo por un mal laboreo del mismo.
El mínimo laboreo
Tenemos que realizar el mínimo laboreo posible de nuestro terreno. Un exceso de laboreo producirá una compactación del terreno, la muerte de la fauna y los microorganismos del suelo y una gran aceleración en la descomposición de la materia orgánica.
No mezclar las capas del suelo
Como veíamos con anterioridad, la gran mayoría de los microorganismos del suelo se encuentran en las capas superficiales. Si volteamos la tierra esta se mezclará y cambiará su disposición produciendo su mortalidad.
Trabajar con la humedad del suelo óptima
Esto se llama trabajar en Tempero. Tenemos que conocer las cualidades de filtrado de nuestro suelo para saber cuántos días esperar después de las lluvias para labrarlo. Nunca tenemos que hacerlo con el suelo muy seco.
Por este motivo la preparación del suelo tiene que estar bien planificada, ya que puede llegar a retrasar la siembra. Es conveniente no esperar al invierno ya que las condiciones climáticas no son las más adecuadas.
No enterrar nunca la materia orgánica sin descomponer
Solo conseguiremos que se pudra por la falta de oxigeno, creando toxinas que afectaran tanto a los microorganismos del suelo como a las raíces, provocando su muerte.
Como hemos visto en éste artículo la preparación de nuestro suelo agrícola, depende sobre todo del conocimiento que tengamos del mismo. Muchas veces nos centramos solamente en el aporte de fertilizantes y no damos tanta importancia a otras labores que nos ayudaran a conseguir una buena cosecha. Los cultivos solo pueden desarrollarse plenamente en un suelo que cubra sus necesidades.